Diario de unas vacaciones familiares.( Y sobreviví )

Diario de unas vacaciones familiares.( Y sobreviví )

Sin duda puedo decir que sobrevivir a las vacaciones familiares sin morir por estrés en el intento es toda una hazaña.

Recién llegada, hoy os quiero relatar como han sido nuestras últimas vacaciones. Nuestro destino por segunda vez, uno de los camping de la cadena Cap Fun situado en la población francesa de Argelès Sur Mer.

No voy a decir que no las he disfrutado porque estaría mintiendo de mala manera, teniendo en cuenta hay gente que ni siquiera las tiene. Pero, una parte de mi estaba deseando regresar a mis rutinas ( Que también acabo odiando a lo largo del año).

Realmente las vacaciones familiares con dos niños son toda una gincana de actividades.

Tu como madre agotada, lo que realmente quieres es dejar de hacer cosas y no hacer absolutamente nada. Ya me entendéis, hamaca, sol, mirar al horizonte sin próposito, un chapuzón sin que te salpiquen los bestias de tus hijos tirándose en bomba a menos de un metro de ti, etc…

Nada más lejos. Desde que abrían los ojos muy temprano para ser vacaciones y ya estaban alborotando por el bungalow, era un no parar.

No tenía muy claro si acostarme ya directamente con el bikini puesto porque a eso de las 11 de la mañana ya entrabamos en la piscina.

Durante las vacaciones familiares Mi hija grande desaparecía automáticamente en busca de amigas españolas para tirarse por los toboganes y mi hijo pequeño parecía tener una extraña alergia al agua los primeros días y te decía de volver al bungalow o ir a las colchonetas. Por supuesto ni hablar de toboganes. Era verlos y decía que cuando fuera mayor ya se lanzaría por ellos.

Pasados dos días, el peque aceptó que lo más divertido sería nadar un poco y disfrutar como todos de las piscinas.

Consecuencia: El papá se hacía cargo de la grande, venga subir y bajar toboganes y yo con el pequeño en la piscina de agua caliente. ( Por suerte es friolero como yo ).

Y así a turnos, que íbamos variando en función del calor recibido por el sol o fresquito del agua. Nos convertimos en dos guías a tiempo completo contratados por nuestros incombustibles hijos.

A eso de la una del mediodía el hambre apretaba y aun así nos costaba sacarlos del agua para ir a comer. (¿Os he comentado antes que tenía que dejar la comida preparada por la mañana para que no me mordieran un brazo….?)

Supuestamente la sobremesa era para descansar y reposar un poco.

Que padres tan ilusos!

Siempre hay una actividad que hacer en el camping a la que mi hija no podía perderse bajo ningún concepto.

Si queréis saber lo que es sufrir, probad de hacer una actividad a las 3 del mediodía, recién comido, a 38 grados, compuesta por fiesta de la espuma, holy de colores, carrera sobre el barro, obstáculos y finalmente tirolinas.

Desde luego la diferencia de edad entre nuestros hijos supone una tremenda organización en cuanto a gustos, actividades y juegos.

Si decidíamos jugar a un juego de mesa por aquello de estar juntos los cuatro, apenas duraba una hora al día. El peque quería irse a saltar a las colchonetas o irse con la bicicleta junto a su padre y la grande de vuelta a la piscina ( a veces creo esa niña es una sirena, ni siquiera se arruga su piel por muchas horas pase en el agua).

Por la noche a eso de las 9 y media, después de cenar siempre hay un espectáculo de magia, baile, discoteca móvil, piscina nocturna con fiesta de la espuma o cine al aire libre.

De nuevo mi hija mantenía su intrépido horario de no perderse absolutamente nada y yo amorosamente, la acompañaba. Mientras el peque quería quedarse en el bungalow con su padre. Y no! no era por sueño! Era porque no le gustaba nada de todo eso.

De nuevo separados por nuestros hijos.

Imaginarme a mi a estas alturas de mi vida. No digo que no me lo pasé bien bailando con mi hija, pero dada la escasez de noches en las que salgo de marcha( ya ni me acuerdo), puestos a escoger me hubiera gustado con mi marido o en su defecto los cuatro juntos.

Al día siguiente harta de nuestra incompatibilidad de horarios como pareja y familia hasta en vacaciones, decidimos hacer una excursión fuera del camping y así aprovechar una jornada juntos.

Nuestro destino era visitar la bonita de ciudad de Marsella que teníamos a dos horas y poco de viaje.

Vacaciones familiares. Nada más lejos. Tras cuatro interminables horas y media conduciendo, con sus 16.549 ¿Cuanto falta? de nuestros hijos. Ahora para la furgo que tengo pipi de uno, más tarde ahora me toca mi…. Los tengo hambre y no me puedo aguantar y las peleas entre ellos por ver quién tenía mas calor de ellos.

¡Aquello fue toda una odisea!

200 euros en peajes, gasolina, el Mc Donalds de la comida, un par de granizados para llegar a Marsella y resulta que estaban demasiado cansados para caminar y ver nada.

Querían regresar al camping. Dimos una vuelta rápida como padres frustrados y regresar a nuestro origen de nuevo, eso sí, parando para cenar en una área de servicio y meternos en la cama a la 1 de la madrugada todos agotados.

Aprendimos la lección y ya no nos movimos del camping la semana que aún nos quedaba de vacaciones; más que para ir a la playa ( que esa fue otra película de vaqueros y otro día os cuento ).

Yo me esperaba unas vacaciones tranquilas en las que poder descansar de todo el año, y lo que realmente necesito son unos días para descansar de las vacaciones y de mis hijos…jajjajajja.

Eso sí, los peques han disfrutado y se llevan un muy buen recuerdo y es lo que realmente importa.

Decidme que no soy a la única que le pasa todo esto …

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