La alpargata de tu madre.

Hoy en día se habla mucho de que no hay que pegar a los niños ni utilizar la violencia en contra de ellos. Sobradamente estoy de acuerdo, jamás pegaría o golpearía a ningunos de mis hijos, ni a ningún otro niño, en el contexto del maltrato.

Sé de sobras al decir estas palabras, me estoy metiendo en un gran berenjenal ante muchas madres, pero a mi mí madre me daba con la zapatilla (más bien lo intentaba, pero no acertaba siempre) y aquí estoy.

No he sufrido ningún trauma ni ninguna lesión grave.

Los tiempos cambian y con ellos también la forma de educar.

Tenemos que tener en cuenta la diferencia de lo que es maltrato a lo que es una inofensiva zapatilla voladora.

La mayoría de veces no llegaba a darte, si acaso alguna vez en el cachete del culo y en mi caso lo recuerdo como algo hasta gracioso para nada violento.

Mi madre me amenazaba con la zapatilla. (Que no es pegar). Yo siempre pensaba: “algo habré hecho”.

Actualmente he visto casos en los periódicos en los que se han detenido a padres por ejercer ese “Vil Castigo”.

¿No creéis que nos estamos pasando un poco?

A ver, supongo que si se te va la pinza y le arreas una paliza dejando todo rastro de moretones y a un niño asustado y con miedo de su madre/padre (Eso queda en el subcosnciente). Lógicamente habrá que reprenderles, tomar acciones legales y que caiga todo el peso de la Ley sobre ellos.

Pero, vamos a lo que vamos, que yo lo que quiero es recordar la infancia de más de un@ de nosotro@s con risas y ternura.

Arraigadas desde nuestra más tierna infancia, las conductas maternas están ahí, agazapadas, esperando su momento para manifestarse y echar por tierra miles de promesas de no atormentar a las nuevas generaciones con las frases hechas, las creencias de dudosa procedencia y las falsas amenazas con las que tuvimos que crecer. Pues a veces dudo en sacar la zapatilla….

Hoy en día es muy difícil e incluso nulo, amenazar como hacía mi madre con la alpargata.

Básicamente porque apenas existe la confección de ellas. Las modas han cambiado mucho desde que yo era pequeña. La comodidad y el diseño se han convertido en dos factores imperativos de los fabricantes de estas.

Mi madre dominaba el lanzamiento del shuriken-zapatilla con maestría y destreza, eso sí, sin puntería alguna.
Incluso si conseguías escapar corriendo por el pasillo, y te creías a salvo (infeliz), la zapatilla giraba contigo .

Teniendo en cuenta que sólo tenía dos zapatillas “a mano” (o a pie, más bien dicho) y tenía que lidiar con tres hermanos de edades muy diferentes, a cada cual peor… Creo que la mujer demostró tener mucha paciencia.

Nunca llego a tener la puntería exacta para darnos acompañada de aquella frase: “Como vaya yo para allí te arreo”.

Algo así era nuestra vida…a la merced de la zapatilla voladora.

Si acaso lo hizo alguna contada vez era, en la que nos habíamos pasado nosotros el respeto hacía ella por el forro. Ahora se que si sucedió ella lo pasó mas mal que nosotros y en aquel momento se sintió fatal.

Algunos padres de mis compañeros de colegio dominaban el arte de la colleja. No se si recordaréis muchos en aquella época nos pasabámos la tarde en la calle jugando.

Por supuesto ya sabías de sobras a que hora tenías que regresar (sin móvil ni nada).

Como se te ocurriera llegar 5 miserables minutos más tarde de la consigna, allí estaba tu padre en el quicio de la puerta esperando con mirada “perdonavidas”.

Justo al pasar por al lado de él, bajo su brazo, oías ZAAS y sentías una picazón en tu nuca.

Era su colleja acompañada de “ahora lo vuelves a hacer”.

Desde luego nunca más se nos ocurría volver a llegar tarde.

Luego es cierto que tampoco nos premiaban tanto cuando nos portábamos bien. Con eso de que era nuestro deber y ya…

Los tiempos cambian:

Hoy en día el mercado de zapatos ( en concreto de las zapatillas nos lo ha puesto muy difícil). Esas zapatillas mega acolchadas con forma de animal no infringen ese respeto y autoridad del que os hablo.

Esto no inspira seriedad ni nada…

En definitiva cada uno que escoja como educar a sus hijos, yo no soy quién para juzgar. Soy madre y me equivocó a menudo.

Pero, creo que a diferencia de nuestros padres, ellos no lo hicieron tan mal y jamás me subí por la parra.

A día de hoy, sigo teniendo un amoroso respeto por ellos ( No miedo ).

Y me da igual si me castigaron sin postre, sin tele o voló alguna vez la zapatilla despeinando mi flequillo .

Lo recuerdo como una infancia de lo más normal.

Hay mucha tontería hoy en día acerca de que los niños son intocables, y luego pasa lo que pasa…

En una sociedad en la que nuestros hijos se creen con derecho a todo y sin obligación a nada. En un mundo de inmediatez ( lo quiero, lo tengo), en el que no saben apreciar lo que tienen ni lo mucho que cuesta de conseguir…. Quizás de vez en cuando, hacer volar una zapatilla acolchada de espuma y peluche no les haga tanto daño.

Siempre que no pasemos de ello y utilicemos también el diálogo y el mutuo respeto.

Este post va dedicado a tod@s los que vivimos la época de la zapatilla y seguimos siendo adultos coherentes y para nada maltratadores.

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