La mascota de la clase

la mascota de clase

Este fin de semana toca cuidar a la mascota de clase.

Algunos niños ansían que llegue el viernes para saber si son los afortunados de la semana; otros ( como el mío ) en cambio, salen por la puerta del colegio y se olvidan de que, durante dos días, serán uno más en casa.

No le dan ningún valor. Y es que la mascota en cuestión ( Caballo Martín de nombre ), está muy bien como símbolo identificativo de la clase de los caballos. Pero eso de tener que cuidar de ella, ya es otra historia.


Por suerte se trata de tan sólo un peluche y no morirá de inanición o atropellado bajo las ruedas de la bicicleta, pero opino que se trata de una responsabilidad para la que niños de 3-4 años, no están preparados .

Ahí, precisamente, reside el problema. En darle el sentido que esta actividad requiere.


El objetivo era que los niños, junto con sus familias, cuiden a un muñeco. 

El peluche en cuestión viene provisto de una dossier/carpeta en la que no sólo explica sus “cuidados”, si no que además, si tu hijo no es el primero en estrenar dicho entrenamiento, llevará hojas llenas de fotografías y diarios de a bordo escritos por papas haciendo el indio con el niño ese fin de semana.


¿Como superar dicho trabajo?

Como madre tengo la sensación me evaluarán a mi si no lo hago bien. A ver que nota saco…Creo me merezco un 10, sólo de la presión que ya siento…

La frase resuena en tu mente: Este fin de semana le toca a tu hijo cuidar de la mascota. Cuando en realidad ya sabes que quién va a estar pendiente del peluche durante 48 horas, como si no tuvieras nada más que hacer, vas a ser tu.

En esas décimas de segundos con tu dilema mental, tu hijo ya ha tirado el muñeco al suelo 2 veces y se ha desentendido de él por completo.

En las hojas de la carpeta que acompaña al caballo se tienen que pegar fotos y al lado explicar qué es.

Evidentemente dicha redacción, producción, fotografía y el no extravío del muñeco va a ser tu responsabilidad y no la del niño.

Toda un trabajo digno de ser calificado con nota ( para ti, no para el niño).

Lo divertido viene cuando tú además no tienes ni impresora en casa.

¡Que no cunda el pánico! En nuestro caso, para mas delito, este fin de semana mi hijo se iba a casa de sus abuelos, y dormía allí. Así que el marrón del book fotográfico se lo pasé al abuelo.

¿Y para cuando dices que es esto?… Ah claro, para el lunes, así sin poder prepararlo con un poco más de calma… Y repito, sin impresora.!!

Total, ya me ves a mi recibiendo la mascota de manos de la profesora. Siguiente paso: Intento convencer a mi hijo de que tiene que cuidarlo y hacer cosas con él, como de si su mellizo se tratará.

3º paso: Regalo los oídos al abuelo de que le ha tocado el premio y en lugar de llevarse a un nieto este fin de semana son dos en el coche . Y por consiguiente, le va a tocar a él hacer las fotos del reportaje…


La mascota da mas vueltas que un tío vivo de feria.

La cara de mi suegro es un poema ante tal petición, pero accede sin remedio.

Diario del Caballo Martin:

(Esta es la perspectiva del peluche si pudiera hablar… claro )

-De nuevo otra familia de acogida distinta, a ver que tal se porta esta. La anterior me extravió en dos ocasiones y me dejaron ciego con tanto flash y las fotos.

-Viernes tarde: Mi nuevo dueño ya me ha tirado al suelo dos veces y he acabado pisoteado por medio colegio a la salida de clase. No se si saldré de esta sin pasar por el veterinario.

-Al llegar a casa me han metido en una lavadora a 60 grados. ( Por aquello de limpiar la mierda acumulada de ser arrastrado por cuatrocientos niños saliendo en desbandada del cole; y de paso desinfectar. (Algún piojo que otro está a la espera de mudarse a una nueva cabeza..)

-En principio lo que parecía un spa, termina por ser un sin parar de dar vueltas.

-Termino tendido por una oreja en el tendedero, desamparado y triste de mi. Mientras el niño que me tiene que cuidar en cuestión, anda feliz por el parque jugando.

-¡Empezamos bien…!

-Resulta que el niño este fin de semana visita a sus abuelos que viven a casi 80 km de su casa.

Así que estoy en el asiento de atrás de un coche atado con un cinturón de seguridad viendo como el niño vomita durante viaje.

El abuelo reza y dice tacos no aptos para el oído infantil, mientras observa por el retrovisor, para que no termine yo también manchado de vómito.

-Por fin llegamos a destino, llegan mas presentaciones.

La abuela pone cara de asombro, pero le parece gracioso que su nieto cuide de mi. (Pobre ilusa, no sabe que su nieto ya no quiere saber nada más de mi. Al menos hasta el lunes por la mañana para regresar de nuevo a el colegio).

El pobre abuelo, carga conmigo y me lleva constantemente al lado del niño.

-No deja de sacar fotos con el móvil para que no falte material, cualquier momento es bueno, en el baño haciendo caca, cepillándose los dientes, jugando en la calle, que si ahora vamos a comprar al supermercado, y me meten en un carro de la compra… ¡Es un no parar!

Uno de cada diez fabricantes de peluches, aconseja lavarle bien los dientes al tuyo.

-Hora de cenar, estoy deseando me dejen en paz sobre el sofá, pero nada más lejos.

Me sientan en la mesa para que yo “cene” con el chiquillo. De paso, así robarme otro posado fotografiado como si aquello fuera algo normal.

Como no, a la hora de dormir, también he de posar acostado junto al peque. Bueno al menos dormiré calentito.

-3 de la madrugada, he terminado tirado en el suelo, abandonado a mi suerte. El abuelo me recoge y me coloca sobre una silla.

-El sábado transcurre idéntico pero con un tour a velocidad del rayo digno de parecer una Gimkana. Cuantos más escenarios fotográficos haya mucho mejor.

No se si estoy de visita en casa de un niño o se trata de un book de bodas. El abuelo se esfuerza mucho en hacer la tarea encomendada en cuestión.

Más que un abuelo parece un “paparazzi”.

Por supuesto el niño prefiere jugar con sus coches y otros juguetes e ignorarme en un rincón.

-Llega la noche y más de lo mismo. Esta vez toca pollo para cenar. Creo no se han dado cuenta no tengo boca para comer, aún así me ponen plato.

Hoy no me dejan dormir con el niño. Por lo visto le doy calor y le hago sudar en la cama.

-Domingo: Más de lo mismo. Me lavan los dientes (que no tengo…) me peinan, y de nuevo a callejear. Vivo con miedo a perderme. No sea que el abuelo se olvide un segundo de mi vigilancia. (Con el niño ya no cuento).

-Por la tarde regresamos a casa del niño y punto de partida.

Eso si, al bajarse del coche se han olvidado de mi en el asiento trasero. Por suerte la mamá en cuestión ha reclamado mi presencia. Me siento ignorado. Estoy deseando sea lunes y regresar a la clase, allí me siento seguro.

Fin…

La actividad de cuidar a la mascota de clase se hace por responsabilidad, pero para el niño, no para los padres.

Ahora viene lo bueno. Me toca a mi como madre, hacer el trabajo,
tocará seleccionar, recortar, redactar, pegar, dibujar, colorear... Todo esto con mi hijo ya durmiendo.

He conseguido me presten una impresora. Tengo más de 50 fotografías que el abuelo me ha mandado por Whatsap.

Por supuesto no puedo poner más de 5, debo escoger a conciencia y escribir a mano el guión del finde de aventuras entre el Caballo Martin y mi hijo. (Quién si no, mi hijo no sabe escribir…)

Lo suyo, sería que para mostrar que el niño ha ido al parque con la mascota bastara con pegar una hoja de árbol en el folio o pintar un garabato de los suyos. Al fin y al cabo es lo que el pequeño sabe hacer.

Este tipo de trabajo hubiera carecido de sentido en los años 80, cuando yo estudiaba la E.G.B. No había móviles, así que no hubieran existido dichas fotografías. Las tecnologías también han cambiado la enseñanza desde muy tierna edad.

Si para el niño la mascota no tiene valor, no tiene sentido que se lo lleve todo el fin de semana a casa. Y que, para colmo, se ocupen sus padres del peluche, eso tiene aún menos sentido.

El niño puede pensar: ¿por qué me van a obligar mis padres a estar con el Caballo Martin a todas horas?

¿Por qué tiene que estar él agobiado por cuidarlo y protegerlo? Con 3 años no tiene aún ese sentido de responsabilidad hacía un objeto.

Los padres no necesitan crear un vínculo con la mascota de clase, sino los niños».

En definitiva, entre todos, padres, educadores y profesores tendríamos que ser un poco más coherentes. Pensar para quién es realmente el trabajo a realizar.

Si además el niño tiene hermanos mayores que también traen proyectos y deberes a casa, termina por ser un fin de semana en el que los padres no desconectan ni física ni mentalmente.

No pueden realizar otro tipo de actividades más lúdicas y divertidas con sus hijos y además parece se estén examinando para entrar en una escuela de Arte.

Por supuesto todo esto es mi opinión particular y mi divertida visión de una situación cada vez más cotidiana en las escuelas de nuestro país.

¿ Y vosotr@s, conocéis la experiencia de la mascota de la clase? Contadme… espero saber vuestra aventuras…

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2 comentarios en “La mascota de la clase

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