Mis cinco minutos de gloria

mis cinco minutos de gloria

Es sumamente necesario dedicar tiempo para nosotrxs mismxs y mucho más cuando somos padres o madres.

Poder contar con un ratito para dedicarlo en actividades que nos oxigenen, que nos aporten bienestar es estrictamente necesario.

Ya pueden ser actividades deportivas, tomar una caña con amigxs o simplemente mirar al techo tumbadxs en el sofá, cada uno que elija lo que necesita.


Pues bien, llegados a este punto que todxs entendemos, llega mi cruz. Ser una mamá ojerosa limita mi tiempo de manera drástica ¡Solo pido cinco minutos!

Es sumamente necesario dedicar tiempo para nosotrxs mismxs y mucho más cuando somos padres o madres.


Les pondré en situación para que entiendan a la perfección mi tormento de mamá ojerosa.

Poder contar con un ratito para dedicarlo en actividades que nos oxigenen, que nos aporten bienestar es estrictamente necesario.


Son las 7 de la mañana y solo disponemos de una hora para prepararnos y desayunar cada mañana para ir al cole.

Tanto mi hija (adorable hija) y yo, deambulamos por la casa como zombies de un lado para el otro.

Lo de zombie lo digo especialmente por mí, ya que si por ella fuera me recitaba las tablas de multiplicar mientras desayunamos ¡no hay quien calle a esa niña por Dios bendito!


Carreras de la cocina, al baño, a la habitación. Realizamos una especie de gymkana mañanera digna del Gran Prix.


Tres gritos por aquí exclamando velocidad a la enana, dos tropiezos por el pasillo de casa… Pero… Mi café ha decidido que es el gran momento ¡SÍ! ¡Ha llegado el momento de mis cinco minutos de gloria!
¡Ufff, ya está aquí!

Ni al baño puede ir una tranquila! Quiero mis cinco minutos de gloria!


Por suerte en casa tenemos dos baños, lo cual siempre me ha parecido una gran ventaja para momentos “apretados” como este.

Miro el reloj y veo que tengo tiempo de sobra para “desaprovecharlos” en mí.
¡Hija me voy de retiro espiritual cinco minutos!

Entro en el baño pequeño, para que mi hija disponga de todo el espacio y artilugios de peluquería para hacerse su peinado del día. ¡A veces me pregunto si yo era igual de presumida que ella a su edad, y creo que… Sí!


Ya estoy preparada, lista y encerrada en mi baño. Es el momento del día en el que nada importa más que “YO MISMA”


Abres el W.C. y te sientas relajada pero…

Justo en ese mismo instante se escucha al fondo del pasillo una vocecita que grita a modo de incendio.

  • ¡MAAAAAAAAAAAAAAAA!
  • ¡Todo se contrae! Es un mecanismo de alerta que tenemos los padres y madres cuando algo nos alerta
    que nuestros hijxs pueden estar en peligro y rápidamente respondes… ¿¿¿QUÉEEEE???
  • ¿Has visto mi camiseta del uniforme?
  • ¡Suspira, no la mates! (piensas mientras resoplas) Pero debo responder, o esa voz no parará de gritar
    hasta que le respondas – ¡Mira en el segundo cajón!
  • ¡No está, ya miré!
  • Vuelvo a resoplar, pero respondo – ¡Sí está que yo la doblé ayer, busca bien!
  • ¡Pues yo no la veo!
  • ¡Yo ahora salgo y la busco, dame CINCO minutos!
    Parece que vuelve el silencio y la calma a la casa, pero es cuestión de segundos simplemente. Mientras
    empiezas tu operación de nuevo, se escucha golpear la puerta:
  • ¡Maaaaaaaa, tienes que firmarme la agenda!
  • ¡¡¡¿Tiene que ser ahora?!!!
  • Es que la seño me dijo que hoy era el último día…
  • ¿Y porqué no me lo has dado antes?
  • Es que se me había olvidado…
    Y así comienzas una discusión con tu hija tras una puerta cerrada… O mejor dicho, tras dos puertas
    cerradas, ya que de lo tuyo no se sabe nada, y se ha cerrado la “puerta”.

Salgo con un peso encima y mientras firmo la agenda de mi hija voy buscando la camiseta…

Abres el W.C. y te sientas relajada pero…

Mis cinco minutos van a tener que esperar…

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