El momento temido del día

Madre en apuros

Tras un largo día de limpieza, lavadoras, cocinar, deberes y actividades extraescolares, llega el momento más temido del día: la hora de duchar a tus hijos.

En mi casa tengo un termo de 60 litros, somos 5 en la casa, así que para tener agua caliente para todas, tenemos ese tanque.

Pues mis dos hijas pequeñas se gastan todo el agua caliente las dos solitas, ¿que hacen? Ni idea…

¿Tú te has echado jabón o espuma de afeitar?

Sólo sé que cuando abro la puerta del baño, parece una sauna turca de vapores y todavía la más pequeña me llama asustada porque está cayendo agua del techo!!!

Pues claro hija, si te duchas con agua hirviendo con la puerta y la ventana cerradas, el vapor se condensa y caen gotitas del techo. (Bendita inocencia, bendita paciencia que tenemos para explicarles esto)

No sé como describiros su cara, pero es un auténtico poema.



Cada dos días toca lavarse el pelo. No sé si llamarles “Dorys” (como el pececillo olvidadizo de la película de Buscando a Nemo), o es que tienen un Alzheimer prematuro. La cuestión es; porque siempre cuando las mandas a la ducha, lanzan la pregunta del millón:

¿Me toca cuerpo o pelo?.

Que comience la fiesta de la espuma….

Por lo visto una cosa con la otra es incompatible.

Cuando les toca lavarse el pelo, no toca lavarse el cuerpo. (¿Cómo va a ser eso posible mamá?)

Este gran dilema, conlleva que en muchas ocasiones termine dentro del baño con la mampara abierta vigilante para que se laven bien el cuerpo.

Los daños colaterales son:

Terminar empapada hasta las cejas, por la ley de la atracción del agua hacia las madres ( misterio sin resolver) y básicamente porque el chorro de agua tomará la dirección hacía donde tu encuentres. ( ya puedes tener el cuarto de baño más grande del mundo, el chorro acabará por encontrarte.)

Mientras, ellas ajenas a todo eso, te cuentan lo que les ha sucedido a lo largo del día. Cosas, que tú ya sabes, porque has estado con ellas principalmente y lo has vivido conjuntamente. Pero, resistes ante la charleta de turno.


En invierno, procuro que no se acuesten con el pelo mojado y no cojan frío (me parezco a mi abuela). Así que las mando a secarse el pelo con el secador.

A ver si me van a resfriar…

¡Fuerte odisea!

¡Parece mentira que seamos de Canarias.! Parecen alérgicas al calor.

No pasan ni dos minutos y ya salen diciendo que se han secado el pelo, mientras les corren gotitas de agua por las cejas.
Pues efectivamente, ahí estoy yo de nuevo al rescate. Termino secando su pelo, con el desenredado pertinente. ¿Sabes a lo que me refiero verdad?

Con cada tirón, un grito desmesurado hace de banda sonora como si les estuvieras pegando una paliza. En el espejo pucheros y miradas con odio, se reflejan, como si tu fueras la culpable de los enredos de su pelo.

He comprado cepillos especiales anti enredos. ¡¡¡¡Mentiraaaaa!!!! son una patraña, siguen dando tirones como los demás y sigo aguantando las miradas de odio de mis hijas.


Pues simplemente llegar a la conclusión: Yo me ducho por las mañanas para alcanzar algo de agua caliente. Que para el tema de los enredos ya están sus dos hermanas mayores.

Y que sean ellas las culpables. 😉

Compartir
  • 1
  •  
  •  
  •  
  •  
  •   

Deja un comentario

      

Colabora / Contacto / Equipo / Club /

Ofertas / Privacidad